Historias — Caracas
La primavera de la Agencia PANA
Un medio que funciona como el brazo investigativo de una organización de derechos humanos de la niñez y la adolescencia. Un espacio que asesora a otros periodistas interesados en hacer coberturas responsables. Una red de periodistas reporteando lo que ocurre con las infancias en 14 estados del país, escuchando sus voces. Todo eso es la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y Adolescencia.
papagayo: (del port. papagaio).
Cometa [=armazón plana muy ligera,
habitualmente de caña y papel,
sujeta a un hilo muy largo,
que se eleva en el aire].
Habían pasado unos 20 años desde la fundación de la Agencia Pana cuando, un día de 2019, la periodista Vanessa Moreno Lozada cruzó los pasillos de la quinta El Papagayo para asumir la coordinación de comunicaciones de Cecodap. Pasillos repletos de recuerdos, ilustraciones, memorias bien construidas del sueño que Fernando Pereira y Oscar Misle tuvieron cuando, un tiempo atrás, en 1984, en un lugar distinto a este, fundaron una organización para velar por los derechos de la niñez y la adolescencia.
Con la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño y la promulgación de la Lopnna, Pereira y Misle promovieron, entre otros, el derecho a la participación de niños y adolescentes: los llevaban a los medios de comunicación como una forma de hacer que sus voces se escucharan.
Así fue como Francelia Ruiz, de unos 10 años, llegó a entrevistar al candidato Hugo Chávez, quien terminó molesto por la agudeza de las preguntas de la niña. La experiencia terminó siendo, para ella, la piedra angular: al crecer, terminó convertida en defensora de derechos humanos.
El Papagayo comenzó a resonar con solicitudes de periodistas: querían tener a la niñez en los medios. Habían ido ganando espacio.
Era una primavera. Así recuerda Pereira aquellos años. Una primavera que coincidió con el impulso de Red ANDI para las Américas: una plataforma latinoamericana y colaborativa que estableció una metodología unificada para analizar el periodismo de la región que tomaba en cuenta las infancias, proponiendo un monitoreo en medios y la elaboración de informes de tendencias informativas. ¿Qué se está diciendo?
¿Cómo se están contando las infancias?
¿Qué se puede mejorar?
¿Qué está reflejando el pulso periodístico?
Así nació, como parte de Cecodap, la venezolana Agencia de Periodistas Amigos de Niños, Niñas y Adolescentes (PANA), guiada por metodologías de protección, no revictimización y periodismo de soluciones. Era 2003.
Pero a esa primavera le siguió una sequía: disminución de recursos que mermaron iniciativas vinculadas a la Red ANDI. Libertades perdidas, leyes restrictivas y censura. Matrices de opinión infundadas que acusaban a la Lopnna de “desautorizar a la familia” o de ser la causante de la delincuencia juvenil. “Y empezó a revertirse el reconocimiento de los derechos de niños y adolescentes a favor de la adultocracia”, recuerda Pereira.
Aunque el trabajo de Cecodap continuó, la Red ANDI se detuvo.
Y la Agencia PANA también.
Desde que Vanessa llegó a El Papagayo aquel día de 2019, comenzó a escuchar el relato de ese pasado. Vio fotos, informes, todo lo que la Agencia PANA logró. Y un día, emocionada, se le ocurrió desempolvarla. No solo para volver a hacer el monitoreo noticioso, sino también para convertirla en un medio: contar el país con el foco puesto en la niñez y la adolescencia.
Le parecía pertinente, porque veía con preocupación que en el ecosistema de medios, sometido a tantas restricciones, las infancias y adolescencias parecían quedar relegadas.
Vanessa venía de hacer coberturas con enfoque de derechos humanos en la fuente de sucesos, pero en algún momento había soñado con tener un medio propio. Como cuando en el colegio fundó un periódico escolar. Y como cuando en la universidad creó una revista sobre sexualidad para la que hasta consiguió financiamiento. O como cuando, ya graduada, formó parte de la fundación de la plataforma Monitor de Víctimas, que registra, con una metodología basada en datos, violaciones a los derechos humanos.
Para esta nueva etapa de la Agencia PANA, Vanessa se propuso crear una red de periodistas para articular coberturas sobre las infancias. Luego —con el apoyo de Cecodap— comenzó a impulsar proyectos periodísticos colaborativos sobre la pandemia, sobre salud mental, violencia, sobre educación sexual… todos con el foco en las infancias y adolescencias.
Era una nueva primavera. Pero ella sola no podía impulsar esta nueva primavera. Para ello, en 2024, llegó Indira Rojas. Periodista, experta en coberturas de infancias y de género, se sumó para consolidar la Agencia y la imagen que las audiencias tenían de ella.
Porque si bien Cecodap brinda la sostenibilidad con la que opera la Agencia PANA, el medio es independiente. Vanessa e Indira tenían el reto de lograr que el público lo percibiera de ese modo.
No pasaron muchos meses antes de que tuviesen la oportunidad de demostrarlo. Indira asumió la coordinación de la Agencia cuando, a raíz de las protestas postelectorales de julio de 2024, fueron detenidos más de 100 adolescentes. En el país, desde 2014, se han registrado 19 mil 242 detenciones políticas. Sin embargo, las detenciones de personas entre los 14 y 17 años era una arremetida nueva, con consecuencias diferenciadas.
La Agencia PANA hizo un monitoreo nacional. Para conseguirlo, identificó los estados del país con la mayor cantidad de infancias y adolescencias, ubicó a periodistas con sensibilidad en la cobertura de derechos humanos (que habían sido formados por la organización), y conformó un equipo de 13 corresponsales; también generó guías para hacer una cobertura responsable y no revictimizante.
Los resultados de su cobertura tuvieron un alcance importante en la visibilización de las violaciones a los derechos humanos de las infancias. La Agencia tuvo la capacidad de incidir de una forma que solo suelen tener las organizaciones de la sociedad civil, e Indira y Vanessa sintieron que era “otra forma de vivir el periodismo”.
Por ello, tienen una visión compartida: la Agencia mantiene autonomía editorial y rigor periodístico, pero al mismo tiempo debe operar como el brazo de investigación de Cecodap.
El periodismo —el rigor, la recolección de datos, la documentación— sirve para elaborar diagnósticos e informes institucionales que permiten un acercamiento estratégico con el Estado, organizaciones de la sociedad civil y organismos multilaterales. Y eso, a su vez, impulsa a la Agencia. Como un círculo virtuoso.
La Agencia es un espacio para que cualquier periodista cuente con la asesoría necesaria para llevar a cabo coberturas responsables sobre infancias. De hecho, con corresponsales sensibilizados en 13 estados (y con una ubicada en la frontera del estado Bolívar con Brasil), egresados de un diplomado que los ha formado en perspectiva de derechos.
Uno de ellos es Francisco Rincón, en el estado Zulia, quien procura que las realidades de las infancias y adolescencias de su región sean abordadas y tratadas con dignidad, diversidad, rigurosidad y respeto. Para él, a diferencia de los adultos, el criterio y la visión del mundo de los niños, niñas y adolescentes es mucho más libre, abierto, sin sesgos y cuenta con “una nitidez y claridad que vale la pena conocer”. Los principales obstáculos de su cobertura están relacionados con el acceso a información —que muchas veces no está disponible por grupos etarios—. Así como ciertas “barreras invisibles” que impone el adultocentrismo, pero que ha podido romper con respeto, evitando infantilizarlos, yendo más allá de las tragedias.
Estas son las semillas que planta Indira para el futuro: que desde la formación de periodistas sensibilizados, la Agencia PANA se pueda consolidar como un medio especializado, donde se garanticen coberturas que protejan y se impulse la presencia de jóvenes en otros medios; mientras sigue siendo el brazo de investigación de Cecodap.
Un nuevo paradigma para el periodismo, pero la base, desde el inicio, de la primavera que fue y que regresa: aquella primavera que se ha reconocido invencible, en el abismo del invierno.
Un jardín repleto de nuevas flores, para el que Vanessa e Indira buscaron también un hábil jardinero. Una tarde de 1999, Erick Lezama llegó, por primera vez, a Cecodap. Moreno, menudito, de unos 9 años, comenzó a ir los primeros martes de cada mes. Lo llevaban de su colegio. Iba para hablar sobre convivencia pacífica, buen trato, sobre la Lopnna próxima a entrar en vigencia.
Lo hacía como parte de un proyecto que Cecodap ejecutaba en colegios, para darle a las infancias espacios para expresarse. Las reuniones eran en La Guarimba —un salón amplio, cuyo nombre significaba “lugar seguro”—. La idea era que parte de lo que aprendiera en Cecodap lo replicara en el colegio.
Comenzó a participar en comités escolares. Luego se convirtió, como otros niños y niñas, en una fuente consultada por medios de comunicación. Daba entrevistas, se veía a sí mismo en periódicos, se escuchaba en la radio. En época de elecciones de alcaldes y gobernadores, por ejemplo, él y el resto de los niños transmitían a los candidatos sus preocupaciones y anhelos. Y cuando la polarización empezó a hacer estragos en esas primeras décadas de los años 2000, llevaban a cabo jornadas callejeras de sensibilización sobre tolerancia, respeto y amor.
Después, ellos mismos comenzaron a producir estas noticias.
Una tarde, en esa guarimba, Erick recibió una clase sobre periodismo, como parte de un proyecto llamado “La Venezuela que soñamos”. Aprendió sobre géneros, sobre estructuras, sobre jerarquización. Entrevistó a periodistas, a actores y presentadores de televisión. Y escribió la primera nota periodística de su vida, para una revista, enteramente hecha por niños, niñas y adolescentes, llamada Plan B Venezuela.
La primera de muchas.
Erick conoció la naciente Agencia PANA. Veía con fascinación la forma en la que monitoreaban las noticias sobre infancias y adolescencias, la forma cómo abordaban la niñez; los leía. Porque sí, todo lo que vivía en Cecodap fue abonando a una idea: quería ser periodista.
Pasaron varios años. Erick se hizo adulto, estudió comunicación social y comenzó a trabajar en medios. Escribió sobre cultura, sobre comunidad, sobre salud, sobre el país. Se hizo periodista narrativo y editor. Pero nunca se fue del todo de La Guarimba. De hecho fue por ello que Indira y Vanessa pensaron en él para un proyecto con el que la Agencia expandiría sus horizontes. La idea era formar a niños, niñas y adolescentes de Caracas para que ejercieran sus derechos a la libertad de expresión, opinión y participación, mediante un programa llamado ExpresANN: seis semanas en las cuales los participantes harían una revista con los temas, los intereses, sus propias visiones.
“¿Es como jugar a ser periodista? Sí. Imagina que en tu escuela hay un evento importante y tú decides entrevistar a los organizadores, tomar fotos y escribir un resumen para que todos lo lean. ¡Eso es lo que hace un periodista, pero en una escala mayor!”, plantea la guía metodológica.
¿El resultado?
Luego de tres años, hay 19 revistas digitales de Caracas, Valencia y Barquisimeto (ciudades en las que contaron con facilitadoras sensibilizadas).
El proyecto ganó el 1er lugar nacional de la VI edición del Premio Iberoamericano de Educación en Derechos Humanos “Óscar Arnulfo Romero”, lo que le permitió representar a Venezuela en la fase regional en España.
Afuera el día es caluroso.
Pero adentro, El Papagayo alberga frescura.
Han pasado casi tres meses desde el doble terremoto que devastó La Guaira.
Hoy, 11 adolescentes y 1 joven de 18 años llenan la antigua Guarimba de fotos y ensayos breves sobre qué significa para ellos ser guaireños.
Es una iniciativa adaptada de lo que ha sido ExpresANN: de la mano del fotógrafo Ernesto Costante, los jóvenes aprendieron a usar la fotografía para resignificar su territorio. Con una cámara desechable, les dieron rienda suelta para explorar qué querían decir a través de imágenes.
El resultado no es una estela de dolor: fotos de seres amados, fotos de la templanza que ven en el mar, fotos de plantas que nacen, fotos de edificios que fueron escudo, fotos que recuerdan a seres amados que murieron…
La luz del Caribe, que los rodea y los habita, materializada en papel.
Como los papagayos.
El Manual para comunicadores amigos de la niñez y adolescencia de Cecodap reza con claridad: “En un mundo mediatizado, bombardeado por mensajes en redes sociales y plataformas digitales, el rol del comunicador debe diferenciarse. Que sea este documento una brújula para marcar la diferencia en el mar informativo y gestar protectores de la niñez y adolescencia en cada espacio mediático”.
La Agencia PANA se ha convertido en este espacio.