Desiertos de Noticias
Locales en Venezuela

Editorial

Periodismo local devastado: Venezuela exhibe los datos más alarmantes medidos en la región

Por Irene Benito

La investigación de IPYS Venezuela revela la situación del ecosistema periodístico en la época del desplazamiento del mandatario Nicolas Maduro: se trata de una fotografía angustiante en sí misma, que se agrava si se la compara con las realidades de otros países de América Latina que aplicaron la misma metodología. Menos medios, menos periodistas y un hallazgo que impacta: los semidesiertos venezolanos ocupan más de la mitad del territorio, algo que no había sido observado antes en ningún estudio de esta clase en la región.

Porcentaje del territorio comprendido en las cuatro categorías del estudio
País Desiertos de Noticias Locales Semidesiertos de Noticias Locales Semibosques de Noticias Locales Bosques de Noticias Locales
Argentina 43% 28,8% 19,6% 8,6%
Chile 47,5% 26,1% 15,6% 10,8%
México 42,5% 26,5% 17,4% 13,7%
Perú 35,2% 30,7% 21,7% 12,3%
Venezuela 28,4% 54,6% 12,8% 4,1%
Promedios 39,3% 33,3% 17,4% 9,9%
Fuente: Los datos para la Argentina, Chile, México y Perú proceden de la investigación Desiertos de Noticias Locales (Fundación Gabo, 2025). Los datos para Venezuela surgen de la investigación Desiertos de Noticias Locales (Instituto Prensa y Sociedad - IPYS Venezuela, 2026).
Proyectos-organizaciones y puestos periodísticos detectados
País Cantidad de Posiciones Periodísticas en las Redacciones Cantidad de Medios de Comunicación Sondeados
Argentina 17.337 3.048
Chile 2.236 801
México 6.089 849
Perú 5.911 1.271
Venezuela 1.982 549
Promedios 6.711 1.304
Fuente: Los datos para la Argentina, Chile, México y Perú proceden de la investigación Desiertos de Noticias Locales (Fundación Gabo, 2025). Los datos para Venezuela surgen de la investigación Desiertos de Noticias Locales (Instituto Prensa y Sociedad - IPYS Venezuela, 2026).

Más de la mitad de Venezuela (54,6%) es un desierto de noticias locales, según la investigación del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS Venezuela) de ese país. Esta categoría designa a los lugares donde las condiciones para el ejercicio del periodismo son muy frágiles. Nunca desde 2021, cuando comenzaron a hacerse estos estudios con la metodología del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), uno de los cuatro grados posibles de caracterización territorial (desiertos, semidesiertos, semibosques y bosques de noticias locales) había cubierto el 50% o más del mapa. Si se suman los desiertos (sitios donde no hay condiciones para el ejercicio del periodismo profesional), resulta que 83 de cada 100 unidades geográficas carecen de un ambiente donde el servicio periodístico pueda desarrollarse de manera profesional.

Ninguna de las investigaciones previas basadas en la metodología de FOPEA practicadas en cuatro países latinoamericanos había arrojado datos tan alarmantes. Si bien Venezuela presenta el menor número de desiertos (28,4%) en comparación con la Argentina (43%), Chile (47,5%), México (42,5%) y Perú (35,2%), el hecho de que también exhiba significativamente menos bosques y menos semibosques que aquellos países ratifica la existencia de un estado consolidado y extendido de precarización y debilidad en el periodismo local. Escrito de otro modo, no basta con que haya un número más reducido de desiertos para que el ecosistema periodístico general sea vigoroso porque ello demanda, cual acto reflejo, una cantidad mayor de semibosques y de bosques, resultado que está lejos de verse en esta medición.

A diferencia de lo que ocurrió en las otras jurisdicciones de la región, donde el reparto de categorías fue menos abrupto, el volumen inédito de semidesiertos de noticias en Venezuela se impone como un fenómeno predominante, generalizador y casi excluyente. Es el registro de un nivel acuciante de fragilidad. La devastación no solamente se observa en el porcentaje elevado de territorios categorizados como desiertos y semidesiertos de noticias locales, sino también en la escasez de proyectos y de puestos periodísticos identificados. Venezuela no llega a la mitad del promedio (1.304) de medios sondeados y detectó menos de un tercio del promedio de posiciones en las redacciones (6.711).

Los datos exponen que el periodismo local venezolano sobrevive asediado por las carencias. El impacto de estos déficits es tangible. Si bien nunca ha sido fácil llevar adelante esta clase de estudios, en Venezuela las dificultades treparon hasta cotas inéditas. Si ya identificar medios de comunicación locales resultó una faena digna de Hércules, lograr que sus representantes contestaran la encuesta requirió de toda la paciencia y de toda la constancia por miedos, desconfianza e indiferencia del lado de los sondeados, y por dificultades de conectividad que tornaban la gestión del formulario en una empresa imposible. Este dato de la cocina de la investigación es relevante para pintar la situación laboral: medios y periodistas aislados; que en no pocos casos subsisten por amor al oficio; que transmiten noticias en un estado de incertidumbre permanente, y que ni siquiera cuentan con electricidad e internet estables. Nada de esto sucede en la Argentina, Chile, Perú y México, aunque la prensa local está lejos de pasarla bien en dichas naciones.

Pareciera que las libertades de prensa y de expresión, y la economía arruinadas por décadas de un Gobierno despótico han pulverizado los ecosistemas de noticias locales de Venezuela. Es un ambiente donado a la censura y a la autocensura, donde existen periodistas exiliados y periodistas encarcelados. Llamativamente, los medios con atributos de mayor independencia operan desde el exterior apoyados en redes y colaboraciones domésticas.

Aunque la imagen que proyecta es dolorosa, hay al menos dos razones para avizorar que la investigación de los desiertos de noticias locales venezolanos cumplirá un papel histórico. Una es el hecho de que, sin proponérselo de forma expresa, establece una línea de base entre el final de la presidencia de Nicolás Maduro y el comienzo de la administración de su reemplazante, Delcy Rodríguez, puesto que el estudio comprende el último trimestre de 2025 y el primero de 2026, justo el tiempo en el que acaeció aquel cambio político dentro de la cúpula oficialista. Se dispone de evidencia precisa y preciosa sobre cómo dejó la prensa uno y sobre cómo la encontró la otra. Y luego está la circunstancia singularísima de que, mientras se desarrollaba la investigación, ocurrieron los terremotos que hundieron aún más al país. Que se sepa nunca antes había pasado algo así durante un estudio de desiertos: en tiempo real se pudo observar al periodismo local tratando de cubrir la crisis. Entonces quedaron a la vista las limitaciones captadas por las encuestas.

A diferencia de los otros equipos latinoamericanos que implementaron la metodología de FOPEA, en Venezuela no hay un censo demográfico confiable ni actualizado que pueda usarse para entender la distribución de la población. Lo más cercano a ello es una estimación de habitantes realizada con motivo de la pandemia de la covid-19. Con esa herramienta y la vocación a prueba de adversidades del equipo de IPYS Venezuela se pudo concluir el análisis y plantear conclusiones. La pregunta mayor es si la devastación del periodismo local encontrará freno durante la transición tutelada por Estados Unidos que encabeza Rodríguez. Al menos a partir de la publicación de la investigación hay datos para planificar estrategias colaborativas y priorizar espacios de restauración periodística sostenible. La decisión de IPYS Venezuela de haber aplicado la metodología de FOPEA permite, además, capitalizar la experiencia acumulada y sumar matices al debate hemisférico que se propone salvar al periodismo local de su destino de extinción. Es colosal el desafío, pero ya se está felizmente en el camino de comprenderlo. Enhorabuena por encender una luz en el abismo.